Suplementación con vitamina D
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Un hombre de 67 años asintomático pide suplementos de vitamina D porque “me han dicho que estoy bajo”. Este caso no trata sobre los beneficios de la vitamina D. Trata sobre cómo se construye una enfermedad a partir de un umbral analítico arbitrario, con causalidad inversa como mecanismo explicativo central y un conflicto de interés documentado en su origen.
Aclaración epistemológica previa
La hipovitaminosis D no existe como enfermedad clínica independiente en el sentido de que un nivel bajo de 25-OH vitamina D produzca manifestaciones clínicas propias en una persona sana. Los cuadros clínicos que cursan con niveles bajos de vitamina D — raquitismo, osteomalacia, algunos casos de debilidad muscular severa — son el resultado de malnutrición grave, malabsorción severa, inmovilización prolongada o enfermedad crónica avanzada. En esos casos el nivel bajo de vitamina D es una consecuencia de la enfermedad subyacente, no su causa. Tratar el nivel sin tratar la causa no resuelve el problema. Y en una persona sana y asintomática como la de este caso, el nivel bajo no predice ningún desenlace clínico adverso con evidencia de causalidad demostrada.
Presentación del caso
Varón de 67 años. Analítica solicitada por iniciativa propia tras leer sobre vitamina D en internet: 25-OH vitamina D 18 ng/mL. Completamente asintomático. Sin dolor óseo, sin debilidad muscular, sin fatiga significativa. Sin osteoporosis conocida. Sale a la calle diariamente. Sin malnutrición, malabsorción, insuficiencia renal ni uso crónico de corticoides. Pregunta si debe tomar suplementos de por vida.
Los 7 pasos
Información no consciente
Mecanismos estructurales relevantes en este caso: este es el ejemplo más documentado de construcción deliberada de una enfermedad en la medicina reciente. El principal arquitecto del umbral de 20 ng/mL — Michael Holick — tenía ingresos documentados de fabricantes de reactivos de diagnóstico de vitamina D y de la industria de suplementos, publicado por el BMJ en 2019. El umbral se derivó de distribuciones poblacionales, no de ensayos — garantizando un mercado permanente del 25% de la población. La estrategia fue idéntica a la usada con la osteopenia, la prediabetes y el síndrome metabólico: crear un umbral analítico, generar estudios observacionales favorables, ampliar el mercado, y esperar a que los ensayos contradigan la hipótesis cuando el mercado ya esté consolidado en la cultura clínica y en el imaginario del paciente.
Este caso es el ejemplo más claro de cómo el ecosistema completo de la información médica puede funcionar de forma coordinada para construir una enfermedad: la industria construye el umbral, los laboratorios lo aplican, los medios amplifican los beneficios, el paciente llega convencido de tener una enfermedad que no tiene, y el médico tiene que deshacer ese camino en 7 minutos. El problema no es el paciente — es el sistema que lo ha convertido en enfermo.