La información médica que llega a la consulta — y la que llega al paciente — no es neutral. Tiene origen, tiene financiación y tiene incentivos detrás ¿Quién la produce, quién la filtra y quién la distribuye? La industria, los reguladores, las sociedades científicas, los medios y los gestores sanitarios han intervenido antes de que el médico y el paciente se sienten.
Información formal
La información formal sobre qué tratamientos funcionan y cuáles financia el sistema llega al médico a través de dos tipos de canales: los que evalúan la evidencia y los que la difunden. Ambos condicionan qué llega a la consulta, en qué forma y con qué velocidad.
Información no consciente
Hay actores que configuran el escenario clínico antes de que el médico tome ninguna decisión. No aparecen en la consulta, no firman las guías y no se presentan en los congresos como tales, pero determinan qué fármacos están disponibles, a qué precio, con qué evidencia y bajo qué incentivos. Reconocer su existencia no conduce al cinismo: conduce a la contextualización de las decisiones.
Información independiente
Investigadores, clínicos, boletines y organizaciones con trayectoria documentada en análisis crítico independiente, sin vínculos financieros relevantes con la industria farmacéutica. Sus fichas incluyen su hipótesis crítica central, lo que está bien documentado, los límites de su trabajo y las posiciones de sus críticos.
El Ciudadano-Paciente
El paciente es un rol que ese ciudadano adopta temporalmente cuando entra en contacto con el sistema sanitario. Esa distinción no es semántica: define quién tiene la autoridad sobre el proyecto de salud propio. El Ciudadano-Paciente no es un receptor pasivo de decisiones clínicas ni un cumplidor de prescripciones: es un actor del ecosistema informativo con un tipo de conocimiento que ninguna otra fuente puede producir.