Según wikipedia:

A finales del siglo XIX, los médicos franceses Auguste Bérard y Adolphe Marie Gubler resumían el papel de la medicina hasta ese momento: «Curar pocas veces, aliviar a menudo, consolar siempre».

Los francófonos tambien se interesan por este lema “Guérir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours” aunque se la atribuyen a Ambroise Paré, un cirujano francés del siglo XVI

Para los angloparlantes la frase se atribuye a Edward Livingston Trudeau (USA 1848-1915) figurando inscrita en la estatua que le erigieron en el sanatorio antituberculoso que fundo a finales del siglo XIX en la forma siguiente: “To cure sometimes, to relieve often, to comfort always”. Aunque otros se la atribuyen a Hipócrates.

En alemán la máxima se enuncia así y se atribuye “Manchmal heilen, oft lindern, immer trösten” y se la atibuyen a Sir William Osler (1849 / 1919) 

Los italianos la escribe así “Curare a volte, alleviare spesso, confortare sempre” y tambien la atribuyen a Trudeau.

La repetición de la cita en los contextos sanitarios a nivel internacional y las admirables personalidades a las que se le atribuyen puede dar una idea de hasta que punto esta frase es considerada por la clase médica como un valor de la medicina.

Fuente: Ofrecemos, a continuación una selección traducida el blog Slow Medicine Brasil -Cuidados Paliativos: Um olhar sobre as práticas e as necessidades atuais- donde se sugiere un matiz nuevo a la interpretación de la famosa invocación en el contexto de los cuidados paliativos

 

“No estoy totalmente de acuerdo con … que la compasión sea una especialidad médica (como si fuera propia de algunos médicos y profesionales, expertos en “compasión”). Me atrevería a decir que es una actitud médica. En el caso de quien practica Cuidados Paliativos, es condición absolutamente imprescindible; pero para cualquier médico la compasión debería ser postura integrante de su actuación. Hasta porque muchos pasamos la vida cuidando de enfermedades que nunca vamos a curar, y bueno será hacer todo eso con compasión. “Los médicos son los que pasan la vida cuidando de enfermedades incurables …”

“La paliatividad no es sólo para pacientes con cáncer fuera de posibilidades terapéuticas, sino para todos aquellos que tienen perspectivas limitadas de supervivencia y están sujetos a la limitación del desgaste progresivo. La gestión de recursos, elemento presente en los cuidados paliativos, pero también en el cuidado de pacientes crónicos e incluso en muchos otros, donde cada vez se requiere un empleo racional de los recursos, sin dejarse llevar por la tentación técnica: hacer más no es cuidar mejor; a veces, hasta empeora la situación del paciente, y dilapida el sistema sin necesidad. La presencia del sufrimiento y de la muerte, saber lidiar con esos elementos: algo que en quien practica cuidados paliativos es, de nuevo, imprescindible, pero sería deseable que cualquier profesional de salud lo hubiera incorporado. Médico que huye del sufrimiento y de la muerte, profesor que huye del alumno, paradojas tan extrañas como, desgraciadamente, frecuentes en nuestros días”.

“Es posible que, dependiendo del área de actuación, el médico logra “huir” o hasta “esconderse” detrás de la técnica. En los cuidados paliativos eso no es posible, porque la técnica se muestra limitada. Y surge el momento de poner en juego las actitudes -postura, empatía, compasión, comunicación, confianza- que el médico debe poseer. El escenario de los cuidados paliativos sería, pues, como un elemento de certificación de calidad de los predicados que un médico debe poseer. Momento donde aparece lo que realmente importa, en articulo mortis, nunca mejor dicho”.

“Una defensa natural de quien no sabe manejar el sufrimiento – porque nunca le enseñaron a hacerlo – y se cierra, distanciándose del paciente. Las escalas de empatía -que también son de utilidad cuestionable- muestran que los alumnos salen de la facultad peor de lo que entraron. Un fracaso educativo, compatible con óptimas calificaciones y un currículo lattes razonable”.

 

“Este arte también se aborda en la experiencia de la medicina sin prisa – Slow medicine – un modelo para recuperar la medicina hipocrática de siempre, y no sucumbir a las tentaciones irracionales de la técnica, donde muchos médicos acaban ocultándose, por inseguridad, por perder el foco en su vida verdadera misión: el paciente. De ahí que una educación médica centrada en la persona sea otro movimiento en ascenso entre los que nos dedicamos a la educación médica”.

Analizar todos estos movimientos – back to basic, podríamos decir – me recuerda una historia que viví hace más de dos décadas. Había terminado de dar una conferencia para estudiantes de medicina, y en aquellos tiempos el modelo de Family Doctor, que conocía de mis colegas americanos, era un buen recurso para explicar de forma gráfica estos valores que aquí comentamos. Después de la conferencia, acabamos en un restaurante y sentó a mi lado un residente de neurocirugía que me preguntó: “Profesor, me ha gustado mucho de su conferencia. Pero, ¿por qué usted lo llama medicina de familia? ¡Eso es la medicina que todos debemos practicar! “Miré hacia él, y sonriendo respondí:” Sin duda mi querido, tienes toda la razón. Pero tenemos que dar algún nombre a estas cosas de siempre, para que nadie se ofenda “.

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“La mirada educativa que los cuidados paliativos nos proporcionan es asunto de una trascendencia enorme cuando pensamos en la formación de los médicos. Y aquí cabe una historia personal que justifica el capítulo donde esto es tratado. Hace algunos años, conversando con otro gran amigo, el P. Leo Pessini, una referencia internacional en Cuidados Paliativos, le comenté: “Estamos enseñando a los médicos de manera equivocada. Curar algunas veces, aliviar con frecuencia, confortar siempre. De ese modo, van a pensar que el confort es cuando ya no hay nada más que hacer. Tendría que enseñar al contrario, porque el orden de los factores sí altera el producto “. Esta conversación y las reflexiones que siguieron, son el embrión del capítulo que lleva ese nombre. Curar algunas veces, aliviar con frecuencia, confortar siempre. Esta clásica afirmación que resume la función del médico, se presenta en un orden que encierra un equívoco educativo importante. ¿Qué se puede esperar cuando el orden recomendado para la actuación del médico es curar, aliviar y, en último caso, confortar? Lo lógico es pensar que se avanza de lo más importante para el detalle. Cuando no se puede curar hay que aliviar; y cuando el alivio no es posible, resta proporcionar comodidad. Proceder en esa secuencia fatalmente presenta el alivio y el confort como un premio de consuelo para el médico que se encontró con una enfermedad incurable, dolorosa, terminal. El producto resultante de este proceso equivocado – el médico – presenta deficiencias importantes. Se hace necesario un giro hipocrático-copernicano en la educación médica, para evitar ese equívoco que rinda importantes deficiencias formativas. Mientras que el confort es algo que debe ser hecho siempre, por la altísima prevalencia, el curar presenta una prevalencia mucho menor. El proceso de la educación médica debe contemplar esa proporción para producir mejores médicos. Médicos que siempre saben confortar y que, según los casos y las molestias con las que se enfrentan, también saben curar cuando es posible. Es decir, el orden de los factores cambia el producto. La introducción de los cuidados paliativos de manera formal en el currículo médico facilitará cambiar el orden de estos factores”.